viernes, 30 de mayo de 2008

Hace 20 años...

El día resultó duro, mucho trabajo, pero el buen ambiente hacía que aquello fuera muy llevadero. Las comuniones del día se juntaron con los jóvenes que se acercaban a matar el fin de semana ante una buena merienda y poco más tarde los primeros comensales de las cenas se unían al ajetreo del día que, poco a poco, iba muriendo, como el tiempo que caía en el saco sin fondo del olvido…
Cerramos el restaurante, recogimos todo y a eso de la una nos dispusimos a cenar todos juntos, como cada día, como cada sábado o domingo desde hacía ya unos meses…
Esas cenas eran muy divertidas, al principio yo era muy tímido, sentía una introversión que no era propia de mí, pero así era… eso también fue cambiando y en ese sentido me relajé un poco, pero siempre me gustaban esas reuniones nocturnas comentando los pormenores del día alrededor de la mesa mientras reponíamos las fuerzas derrochadas durante la jornada…
Hace 20 años, yo estaba sentado en la mesa riéndome y sintiéndome muy bien rodeado de aquella gente que, se notaba, me apreciaban… era divertido, estábamos muy cansados, éramos unos jóvenes con la energía de la vida que queríamos comernos el mundo trabajando los fines de semana y estudiando el resto. Estaba la chica de la fregadera, no recuerdo su nombre; estaba también la chica que se encargaba de las ensaladas y de preparar los platos antes de que las camareras los sacaran a las mesas; la cocinera, un encanto de mujer; la ayudante de la cocinera, una vacilona que dibujaba su mandíbula con una carcajada constante…
También estaba el jefe, un tipo entrañable, bueno, majo y que entendía cualquier situación que se le pudiera plantear, de los pocos jefes que no se creen poseedores absolutos de la verdad…
Ocurrió hace 20 años, recogimos la mesa y dejamos todo listo y limpio, como cada noche antes de irnos cada uno a nuestra casa… El jefe nos llevaba, en ocasiones lo hacía un hermano suyo o una cuñada, éramos jóvenes y no teníamos ni carné de conducir, nos traían y nos llevaban, trabajábamos y nos pagaban bien… ocurrió hace 20 años…
La noche era clara, la temperatura amable, se notaba ya ese gusto a verano próximo y al final de la época en la que las comuniones nos acechaban… era la hora de partir. Todo bien limpio, bien colocado y las puertas cerradas… uno que salía y esperaba en el coche, la otra que metía prisa, otra más que no encontraba su abrigo… y aquí uno que, entre risas y alguna tontería, apostó a que se ponía en medio de aquellas dos mozas en el coche…
No sé qué ocurrió, no lo sé, el caso es que hubo una carrera y ella ganó, se metió entre risas la primera en el coche y decidió que su lugar era el central del asiento trasero… yo me conformé, por llegar el último, con el lado derecho de la ventanilla, también en el asiento trasero, al lado de la que ganó la carrera…
Ocurrió hace 20 años, salimos de allí, el camino era el de siempre, nadie por la carretera. Bordeamos el monte y enfilamos por la carretera directos hacia la entrada a la ciudad. Pasamos por una serie de cruces muy mal señalados y en los que ya había habido muchos accidentes.
Eran algo más de las dos de la mañana de hace 20 años… nadie en la carretera… los ojos luchaban por no rendirse al sueño antes de llegar al abrigo de las mantas y la mente volaba sola por algún lugar del espacio… un ruido infernal estalló en la noche, no desperté, sólo soñé que el mundo se rompía en mi cabeza, un grito desgarrador fue el último sonido de aquél momento… golpes, golpes y más golpes, por todo el cuerpo, por la cabeza… la camisa se fue desgajando por el asfalto, las zapatillas se perdieron y la mente nubló mi vida…
Miedo, lloré, ese sueño no me gustaba, quería salir de allí, y lo más jodido era que podía moverme y sentía punzadas y dolor… eso en los sueños no pasa, aquello era real… me volví a desmayar… el movimiento y vaivén de la ambulancia me devolvía a la realidad malamente y quería salir de allí, pero alguien me cogía de la mano y me intentaba tranquilizar… estaba aterrado, aquello me estaba ocurriendo a mí y estaba solo…
Hace 20 años menos un día, desperté en el hospital, mi padre estaba ahí, impasible, no podía articular palabra. Le habían llamado a las tres de la mañana diciéndole que un hijo suyo había tenido un accidente muy grave. El hombre siempre fue parco en palabras, y aquella noche no fue una excepción, pero detecté en su mirada el sufrimiento interno a que estaba sometido por la situación acaecida… Vinieron a visitarme los otros que iban conmigo en el coche, todos llevaban collarín menos el conductor, una de ellas, además, un brazo en cabestrillo… pero faltaba una… mis ojos hicieron la pregunta… la respuesta cayó como una losa sobre mí, yo salí despedido por la puerta derecha al abrirse tras la colisión que recibimos por el costado izquierdo, rodé por la carretera y aparecí a unos cuantos metros del accidente… el resto salieron por su pie, menos ella… ella se quedó en su lugar triunfal, con la cabeza entre las piernas, como agachada y con una farola clavada en la cabeza, su última carrera le sirvió para encontrar la muerte, mi lentitud le sirvió para que no volviéramos a verla con vida… ese lugar me correspondía a mí, ese debía haber sido mi destino y por alguna causa nunca se dio… el desafío resultó ser un juego de azar cuyo premio era la propia vida… 25 años truncados por la alegría de compartir con un amiguete un buen momento, 25 primaveras que dejaron de serlas, 25 abriles y ni uno más, se fue con una sonrisa en los labios y con el terror de ver cómo un coche nos embestía, se protegió como pudo y se metió más en la cueva de su tumba…
Cada 29 de mayo me acuerdo bien de aquello, el ruido infernal de la colisión no se borra de mi mente, y suelo llorar… aquella chica no lo merecía, yo tampoco, pero ese era mi lugar y ella me lo arrebató en un alarde divertido…
Hoy cumplo 20 años, felicidades chaval… sigue en esto de la vida, alguien te regaló ésta segunda oportunidad y tiene que ser por algo… sigue buscando, algún día hallarás la respuesta. Felicidades chico… deja alguna lágrima para el año que viene…

29/mayo/2008

domingo, 25 de mayo de 2008

Miedo...

Es, la dureza de éste mundo la que cultiva en mi interior una sensibilidad extrema... es la sutileza de las personas la que me lleva a pensar en la posibilidad de ser único en mi especie, una especie que ya tiene descendiente directo, lo sé, él es igual que yo, envuelto en sus miedos y lleno de energía que derrocha en mil cosas que hace a la vez... un tío multifunción que clava su mirada verde en mí y sin mediar palabra me está gritando que tiene miedo, éste puto mundo da miedo, horror, espanto... pero ambos queremos vivir y sabemos que es imposible no hacerlo con esa hiperactividad que nos envuelve a diario, y disfrutamos, pero cuando nos miramos, volvemos a adivinar el miedo ajeno que expresan los ojos del contrario... quizá algún día derrotemos al fantasma que nos tiene atemorizados... te quiero, guapo, y ahora duerme tranquilo...